Comienzo de la ruptura del Glaciar Perito Moreno, en El Calafate, Rep.Argentina
Finalmente termino de desprenderse hoy a las 4 AM,bajo una lluvia torrencial, los unicos testigos fueron los guardaparques que lo seguian desde el refugio, el ultimo desprendimiento ocurrio en el año 2008.......
Bienvenidos
LOS INVITO A DESCUBRIR LOS SECRETOS COSMICOS
domingo, 4 de marzo de 2012
jueves, 1 de marzo de 2012
Fuegos fatuos: volcán en Islandia hace erupción entre auroras boreales
Nuevamente el volcán Fimmvˆruh·ls, ubicado en Islandia, hizo erupción rodeado de la presencia de auroras boreales.
Uno de los paisajes naturales más privilegiados que puedan imaginarse, la sublime convivencia entre una erupción volcánica y auroras boreales, se registró recientemente en Islandia. Hace pocos días, el volcán Fimmvˆruh·ls, uno de tantos que se encuentran en esta enigmática isla ubicada al noroeste de Inglaterra, hizo erupción. Y si el presenciar la ignea violencia de uno de estos gigantes, representa de por si un espectáculo inolvidable, la conjunción de este suceso con la angelical presencia de las auroras boreales, alcanza un grado de estética tal, que fácilmente podría desquiciar a quien lo presencie.
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jueves, 23 de febrero de 2012
Stephen Hawking: cómo construir una máquina del tiempo
El famoso físico nos muestra la teoría detrás de un viaje en el tiempo ya sea con un acelerador de partículas, un agujero de gusano o una nave espacial que acaricie la velocidad de la luz.
Quieres construir una máquina para viajar en el tiempo: el popular físico Stephen Hawking te dice lo que necesitas. Hawking, que hace una semana nos pedía evitar hacer contacto con una civilización extraterrestre, escribió sobre este tema en un artículo para el Daily Mail. “Todo lo que necesitas es un agujero de gusano, el Gran Colisionador de Hadrones o un cohete muy rápido”, inicia Hawking.
“Antes cuando hablaba de viajar en el tiempo me decían que estaba desquiciado. Pero estos día ya no soy tan cauto”. Hawking fue acusado por el fundador de la exopolítica de impulsar una guerra contra seres hiperdimensionales.
El famoso físico, que utiliza una computadora para hablar y está confinado desde años a una silla de ruedas, hasta nos sugiere que es lo que haría si lograra ser un voyeur transtemporal: “Si tuviera una máquina en el tiempo visitaría a Marilyn Monroe en su plenitud o le ‘cairía’ a Galileo en el momento que voleteó su telescopio hacia el cielo. Tal vez hasta viajaría al fin del universo a ver como acaba nuestra historia cósmica”.
La premisa de Hawking yace en la teoría de la relatividad de Einstein, sugiriendo que el tiempo se mueve más rápido en algunos lugares que otros, haciendo posible moverse junto con este río hacia el futuro -pero no hacia el pasado.
Una de las posibilidades que describe son los agujeros de gusano: “pequeños atajos entre el tiempo-espacio que se forman constantemente, desaparecen y reforman dentro del mundo cuántico. Y en realidad enlazan dos lugares diferentes y dos tiempos diferentes”.
“Lamentablemente estos túneles en realidad sólo miden un millon de billones de trillones de centímeros de largo. Demasiado pequeños para que un humano los atraviese. Pero hacia allá es que nos lleva la noción de maquína del tiempo de agujeros de gusano. Algunos científicos creen que es posible capturar un agujero de gusano y agrandarlo muchos billones de veces para que sea lo suficientemente grande para que un humano o hasta una nave pueda cruzarlo”.
Agujeros negros supermasivos como el del centro de nuestra galaxia constituyen un tipo de agujeros de gusano, aunque podrían llevar a otras dimensiones o hasta a otro universo. Para atravesar uno de estos “wormholes” el ser humano necesitaría un vehículo que pueda acercarse a la velocidad de la luz. El véhículo más rápido hasta la fecha es el Apolo 10 que ha llegado a los 25 mil millas por ahora. En la actualidad existe la tecnología para ir mucho más rápido que eso, sin embargo necesitaríamos ir 2 mil veces más rápido.
“La nave necesitaría ser lo suficientemente grande para llevar una enorme cantidad de combustible (o encontrar un “combustible cósmico”), suficiente para acelerar hasta cerca de la velocidad de la luz. Llegar justo al límite de velocidad cósmico tardaría 6 años. La aceleración incial sería poca porque la nave sería muy pesada. Gradualemente se incrementaría la velocidad y pronto cubriría distancias masivas. En una semana ya habría llegado a los límites de los planetas exteriores. Después de dos años llegaría a la mitad de la velocidad de la luz y estaría más allá de los límites de nuestro sistema solar. A los cuatro años estaría viajando al 90% de la velocidad de la luz, a 30 billones de millas de la Tierra y empezaría a viajar en el tiempo. Por cada hora dentro de la nave, pasarían dos en la Tierra. Una situación similar a la nave que orbitaba el super agujero negro. Dos años más de aceleración y la nave llegaría a su máximo, el 99% de la velocidad de la luz. Un solo día dentro de la nave serían un año en la Tierra. Nuestra nave estaría volando hacia el futuro.
Bajo la relatividad de Einsten, el 100% de la velocidad de la luz equivale a la eternidad, tal vez por esta razón los fotones no podrían exhibir algun tipo de envejecimiento o decadencia.
Entrando en la ciencia ficción películas como Donnie Darko y la serie de TV Fringe juegan la idea de que un ser humano pueda viajar en el tiempo, utilizando su propio cuerpo como nave luminosa, doblando las comisuras de la fábrica del tiempo-espacio.
Entre la literatura de conspiración, existe la teoría de que el hombre ya ha viajado en el tiempo, en el experimento Philadelphia, en el que participó supuestamente Nichola Tesla.
Por supuesto viajar en el tiempo produce una serie de paradojas irreconciliables, particularmente si se hace al pasado quizás alterando las líneas de tiempo del universo o hasta bifurcándolo y fracturando la realidad (algunos científicos especulan que sí es posible viajar al pasado pero sólo hasta al momento en el que se construyó la máquina del tiempo).
Uno de los mejores ejemplos del viaje en el tiempo que hemos visto, aunque sin explicar bien a bien la teoría detrás del suceso, pero elegantemente ejecutada, es el cápitulo “White Tulip”, de Fringe: una obra maestra de la ciencia ficción oculta ante el estupor común del mainstream TV. Pueden ver este episodio gratis aquí.
autor:pijamasurf
Halo Solar Doble Bogotá 2012
ESPECTACULAR DOBLE HALO SOLAR EN BOGOTA
RCN RADIO
extraido de pijamasurf.com
RCN RADIO
extraido de pijamasurf.com
IDENTIFICARON UNA NUEVA ESPECIE DE
PLANETA: ESTA COMPUESTO POR AGUA
PLANETA: ESTA COMPUESTO POR AGUA
POR MARCELO BELLUCCI
No coincide con las tipologías conocidas. Ahora investigarán si puede albergar vida.
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GJ 1214b. Así se bautizó al planeta, que está a 40 años luz de la Tierra. La NASA lo ilustró con esta imagen.
El catálogo del sistema solar ofrece tres tipos de planetas: los mundos pedregosos, los gigantes de gas y los de hielo. Las observaciones del telescopio espacial Hubble de la NASA permitieron clasificar una nueva variedad. Se trata de un globo acuático envuelto por una atmósfera densa y humeante . Es menor que Urano, pero mayor que la Tierra.
El detalle excepcional de GJ1214b es que una gran porción de su masa está compuesta por agua . Está localizado a unos 40 años luz de la Tierra en dirección a la constelación de Ofiuco.
Ante el hallazgo de una esfera líquida fuera del sistema solar, la esperanza de encontrar algún indicio de vida cobra fuerza. Pablo Mauas, investigador del Instituto de Astronomía y Física del Espacio (CONICET) explica que “aunque la chance es baja, la búsqueda de vida en otros planetas es un juego de probabilidades. Para que esto suceda, la vida se debe desarrollar en una zona habitable.
Esto sería en el contorno alrededor de la estrella donde el agua se encuentra en estado líquido . Porque lejos de la estrella, el agua se congela y muy cerca se evapora”.
El equipo internacional de astrónomos encabezado por Zachory Berta del Centro Harvard Smithsonian de Astrofísica (CFA), estudió el planeta GJ 1214b y el descubrimiento fue publicado en la prestigiosa The Astrophysical Journal.
“Las altas temperaturas y presiones formarían materiales exóticos como ‘hielo caliente’ o ‘agua superfluida’ , sustancias que son completamente ajenas a nuestra experiencia cotidiana”, dice Berta.
Hasta la fecha, nunca se había identificado algo semejante, aunque la existencia de “planetas acuáticos” ya había sido anticipada por los científicos.
“No se trata de un mundo gaseoso como Júpiter o Saturno; rocoso como la Tierra, Mercurio, Venus y Marte; helado como Urano o Neptuno. Es un planeta formado por agua, el primero con estas características”, apunta Mauas.
El equipo de Berta, utilizó la cámara WFC3 del Hubble para estudiar el GJ1214b cuando cruzaba por delante de su estrella. “Utilizamos el Hubble para medir el color de infrarrojos de la puesta de sol en este mundo”, contó Berta.
El GJ1214b fue detectado en 2009, por un equipo de astrónomos encabezado por David Carbonneau. Se sabía que su diámetro era unas 2,7 veces el de la Tierra y que orbitaba alrededor de una estrella enana roja cada 38 horas.
Su año es tan corto por estar a solo unos 2 millones de kilómetros de distancia de su sol, posición que lo somete a una gran temperatura. Se estima que en su superficie el termómetro registraría unos 230 grados centígrados.
Dos años atrás, el científico Jacob Bean, de la CFA, y sus colegas informaron que habían medido la atmósfera del planeta y determinaron que estaba compuesta por agua. Pero sus observaciones también podrían explicarse por la presencia de una bruma atmosférica que envolvía al planeta.
Extraido de Diario Clarin
lunes, 20 de febrero de 2012
La Resonancia Schumann
por el Maestro Sahú Ari Merek
Primera parte : La interpretación Científica .
Segunda parte : La interpretación Místico-Científica .
Bien , la Resonancia Schumann , para explicarla en un lenguaje científico y moderno , es un conjunto de picos en la banda de frecuencia extra baja del espectro radioeléctrico de la Tierra.
Esto se debe a que el espacio entre la superficie terrestre y la ionosfera actúa como una guía de las ondas que a su vez recibe del sol
.De ahí que las dimensiones limitadas terrestres provoquen que esta guía de onda actúe como una cavidad resonante para las ondas electromagnéticas en la banda que les corresponde , y de ahí que dicha cavidad sea excitada en forma natural constantemente , como por ejemplo : los relámpagos, y meteoritos que penetran en la atmósfera terrestre excitando dicha cavidad ,sin olvidar las manchas solares las cuales por su elevado electromagnetismo , provocan verdaderas convulsiones eléctricas en la ionosfera , y también , dado que su séptimo sobretono se ubica aproximadamente en 60 Hz ,estos a su vez influyen las redes de transmisión eléctrica de los territorios en los que se emplea corriente alterna correspondiente a esa frecuencia.
La frecuencia más baja, y al mismo tiempo la intensidad más alta, de la resonancia de Schumann se sitúa en aproximadamente 7,83 Hz. Y estamos observando que a medida que han ido pasando los años , dicha intensidad ha ido subiendo a niveles que hoy se sitúan entre 9 Hz. y 9.5 Hz. Dependiendo las épocas ya que éstas intensidades son muy variables y los sobretonos detectables , se extienden hasta el rango de medición expresado en kilohercios. Lo que me preocupa , es que a este paso , y a medida que el ciclo solar 24 se acerca , las variaciones de esta intensidad , trepen a 14 Hz, 16 Hz , o mas , ya que la mayoría de los seres humanos no están preparados para soportar tanta carga .
Ahora bien ,este fenómeno se llama así en honor a Winfried Schumann, quien predijo matemáticamente su existencia en 1952, a pesar de haber sido observada por primera vez por Nikola Tesla y formar la base de su esquema , para transmisión de energía y comunicaciones inalámbricas.
Y por último , la primera representación espectral de este fenómeno fue preparada por los científicos Balser y Wagner en 1960.
Ahora veremos como lo nuevo se une con lo antiguo en busca de una solución para esto que nos preocupa tanto , entonces por lo que hemos visto no es difícil deducir que la resonancia de Schumann juega una parte significativa en la armonía existente entre el campo magnético terrestre y el campo magnético humano .Por lo cual , cualquier variación en el campo magnético de la Tierra , la cual es trasladada a la ionósfera , impacta directamente en los sistemas eléctricos biológicos de todos los seres vivos , y comienza a verse su efecto primeramente en el cerebro , posteriormente en la conducta , para terminar evidenciándose en en toda la fisiología eléctrica anatómica humana y animal , hasta la vegetal .
¿ Que pasa entonces dentro nuestro cuando cambia el magnetismo ?
Las células sufren cambios dramáticos en su funcionamiento , especialmente nuestro ADN cuya función es recibir y emitir fotones , luz y sonido , y esta función está destinada a cumplir con la regulación celular . Comprenden ? Se produce un caos eléctrico que se hace evidente en todas las conductas fisiólógicas de nuestro biotipo , y las primeras evidencias se aprecian en el sistema nervioso , provocando gravísimos cambios de conducta hacia los dos extremos : absoluta violencia hacia el exterior , o lo opuesto , absoluta violencia hacia sí mismo .
Un ejemplo : dentro del acervo cultural nos encontramos con la folclórica figura del “ lunático “ , recuerdan ? así llamaban a las personas que estaban de mal humor justo cuando los días estaban con luna llena , siglos y siglos de observación llevó a la cultura popular a sentenciar que cuando hay luna llena hay personas que sufren este cambio de energía y se deprimen , o sufren un muy mal humor .
Luego la ciencia convencional estudió y demostró que así como la luna tiene una gran influencia sobre las aguas , las mareas , en fin , los líquidos , también influye en la corriente sanguínea , causando trastornos bipolares , hasta problemas cardio pulmonares . La sangre es líquido , como el agua , y somos un 70 % agua . Esto nos dice entonces que HOY, hay personas no capacitadas para convivir con las pequeñas fluctuaciones de la luna , o del sol . Hagan una prueba , lean el periódico y comparen las noticias de suicidios y asesinatos y luego vean el cielo , observarán que en todo el ciclo de la luna llena aumentan el doble o el triple .
Ahora , si ante fluctuaciones cósmicas que forman parte de una armonía natural hay personas que no lo soportan y mueren , qué pasará cuando una gran frecuencia inarmónica para nuestras fisiologías , destruya el actual lenguaje magnético sobre el cual está basada la comunicación entre los seres humanos ,la tierra y el sol ?
Como he hablado otras veces , los egipcios rendían culto al sol , a la luna y las estrellas , pero no estamos hablando de gente con taparrabos que vivían en cuevas , hablo de una civilización que poseía Universidades , Hospitales , Industrias , eran Astrónomos , Psicólogos , Arquitectos etc. No había gran diferencia con nosotros , salvo que en vez de tecnología , se servían de la técnica que no contamina ni destruye el entorno biológico .
Eran sabios , y cuando los vemos en los papiros o los muros de los Templos , postrados ante el sol o la luna , o las mismas estrellas , que estarían haciendo en realidad ? Eso era parte de su religión , o había otra cosa de la cual muchos todavía no se han enterado ?
La Tradición de la Kábalah nos enseña que siempre existieron técnicas de meditación para alinear la energía y la luz de la mente , con la luz de los astros que nos rodean , ya que todo eso nutre nuestra aura toda , y es en base a la integración del Arbol de la Vida personal , que podremos pasar con bien , todas las situaciones referentes a la desestructuración de la energía planetaria que nos sobrevendrá .
La clave es entonces , no perder la integración vibratoria con el aura terrestre , solar , y lunar , tal como hacían nuestros antiguos Maestros a través de las prácticas científico-místicas , poder acompañar a toda esa metamorfosis cósmica sintiéndonos y siendo Uno con los astros que nos rodean , y sin duda así lo haremos .
Para los que se sienten atraídos por la cultura Egipcia , ya sea por simple admiración o porque han logrado percibir que en épocas pasadas han vivido allí y se han alimentado de la Kábalah , les pido que se integren con pasión al conocimiento práctico del Arbol de la Vida ya que ésta es la herramienta que durante miles y miles de años de Tradición , hemos venido usando para lograr la Unidad con el Cosmos .
Y para aquellos que sienten el Budismo , el Hinduísmo , o el Yoga , busquen sus Maestros y trabajen arduamente en esto , pero siempre con Escuelas Tradicionales , aquellas que poseen Historia , no aconsejo seguir a personas que se han inventado a sí mismas y que carecen de una trayectoria seria y demostrable .
Enseñanzas del Maestro Kabalista Sahú Ari Merek
www.laflecha.net
jueves, 16 de febrero de 2012
Universo: el imperio del vacío
Por Lic. Mariano Ribas - Coordinador Área de Astronomía Planetario Galileo Galilei
A todas las escalas y en todas direcciones, el vacío reina en el universo. Aquí y allá. Ayer, hoy y mañana. Los átomos, las moléculas, los seres vivos, los planetas, las estrellas y las galaxias son apenas salpicaduras en un vacío abrumadoramente mayoritario. Distracciones de la nada.
Sí, resulta francamente extraño, porque vivimos rodeados de materia vivita y coleando por todos lados. Incluso, y aunque no lo veamos, sabemos el espacio cotidiano está repleto de incontables y apretadísimas moléculas -de nitrógeno y oxígeno, principalmente- que forman el aire que ahora estamos respirando. La verdadera noción del vacío no está del todo encarnada en nuestra experiencia. Y sin embargo, no hay más que levantar la vista durante la noche para empezar a entender, al menos tentativamente, esa impiadosa realidad: las estrellas se pierden irremediablemente en un mar de espacio y oscuridad.
Durante las últimas décadas, la física y la astronomía han intentado cuantificar el vacío del cosmos con la ayuda de súper telescopios, radiotelescopios, modelos teóricos, y hasta complejas simulaciones por computadora. Y los resultados erizan la piel. Sin ir más lejos, hace unos años, un grupo de científicos anunció el descubrimiento del más grande de todos los vacíos conocidos: una lejanísima región del universo que mide unos 1.000 millones de años luz, y donde prácticamente no hay nada. Tentativamente, se la conoce como el “Súper Vacío de Erídano”. Hacia allí vamos, en un viaje pausado y gradual, de menor a mayor, como para asimilar, de a poco, la idea de que en el cosmos, la materia es una absoluta y preciosa excepción.
El espacio cercano
Desde el muy aristotélico “horror al vacío”, la idea de espacio libre de materia siempre nos ha resultado muy incómoda. Y se entiende, porque es una noción que alevosamente coquetea con la nada, ni más ni menos. Por empezar, vale la pena recordar que los protones, neutrones y electrones representan una fracción absolutamente insignificante del volumen total de un átomo. El resto (99,999%) es vacío. Y de allí para arriba, la cosa no cambia demasiado. La naturaleza nos enfrenta con vacíos de distinta escala. Y a decir verdad, los grandes vacíos hay que buscarlos lejos de la Tierra: todo lo que nos rodea –incluso nosotros mismos- está hecho de moléculas formadas por distintas clases de átomos. Moléculas que están muy cerca unas de otras, apenas separadas por una millonésima de milímetro (unas pocas veces su propio tamano). Es cierto, en experiencias de laboratorio, los físicos han “fabricado” vacíos mas notables, donde las moléculas están cien mil veces más lejos entre sí (a una décima de milímetro de distancia (la mínima distancia apreciable a simple vista). Pero para enfrentarnos con vacíos realmente importantes, tenemos que salir de nuestro planeta.
El primer escalón parece ser el espacio cercano, a unos cientos de kilómetros por encima de nuestras cabezas. Allí donde se pasean satélites, transbordadores y la Estación Espacial Internacional. Es el reino de la tenue atmósfera exterior de la Tierra. Y la verdad es que no está tan vacío como puede parecer, porque hay cerca de mil billones de moléculas de aire por metro cúbico. Muy poco, es cierto, comparado con la atmósfera baja del planeta, pero suficiente como para ofrecer cierta resistencia al avance de naves y otros aparatos en órbita. Para mejorar la calidad del vacío hay que irse más lejos.
Entre planetas y estrellas
A dos mil kilómetros de la superficie terrestre ya no queda el más mínimo rastro de atmósfera. Y aún así, el vacío absoluto brilla por su ausencia: las decenas, cientos y miles de millones de kilómetros que separan a los planetas del Sistema Solar, están bañados por el viento solar, una sutil corriente de partículas (protones y electrones) que nuestra estrella lanza segundo a segundo, y en todas direcciones. El viento solar es tan tenue, que sus partículas están separadas -en promedio- a un centímetro una de otra. Por lo tanto, en el espacio que separa a la Tierra y Marte, por ejemplo, habría 1 millón de partículas por metro cúbico. Ya es un vacío más interesante, pero todavía muy imperfecto.
El viento solar se va diluyendo de a poco, y apenas se siente más allá del Cinturón de Kuiper, donde está el planeta enano Plutón y sus incontables compañeros de hielo y roca. El vacío aumenta a medida que nos adentramos en el reino de las estrellas, donde la distancia ya no se cuenta en miles de millones de kilómetros, sino en años luz. Por término medio, la distancia entre dos estrellas de la Vía Láctea es de unos 10 años luz (unos 100 billones de kilómetros). Y más allá de ese impresionante aislamiento, lo que hay entre ellas no es mucho. Salvo en las nebulosas (aquellas colosales nubes de gas y polvo que flotan en el espacio, y que funcionan –gravedad mediante, como fábricas de estrellas), se calcula que en el medio interestelar hay, muy aproximadamente, un átomo por centímetro cúbico. O dicho de otro modo, un vacío cien veces mejor que el que los científicos pueden crear en los mejores laboratorios terrestres. No está mal, sin dudas. De todos modos, a veces, las supernovas (estrellas gigantes que explotan) pueden “limpiar” aún más el espacio circundante, dejando apenas unas mil partículas por metro cúbico. O una por litro. Ese es el máximo vacío que podemos encontrar en la galaxia. Pero hay mejores.
Vacíos intergalácticos
Las galaxias son enormes: la Vía Láctea, por ejemplo, mide unos 120 mil años luz de diámetro (y está formada por 200 a 400 mil millones de estrellas). Sin embargo, el espacio que hay entre cada galaxia es abrumador en comparación a su propio tamaño: por término medio, se estima que entre una galaxia y otra hay una distancia de diez veces su diámetro. O sea, alrededor de 1 millón de años luz.
Mucho espacio, evidentemente. Espacio donde cabría esperar bajísimas densidades de materia. Y así es, de todos modos, el mar intergaláctico no está enteramente vacío de materia: telescopios de rayos X han detectado que entre ellas también hay enormes zonas de gas, ligadas gravitacionalmente a las galaxias. Es un gas increíblemente tenue, pero tan caliente (a 100 millones de grados) que emite radiación que puede ser captada por los instrumentos de los astrónomos. Y por eso, aunque no se vea ópticamente, se sabe que existe. Parece que en estos colosales desiertos cósmicos, la densidad de la materia es parecida a la de las zonas más vacías de una galaxia (aquellas regiones barridas por supernovas): más o menos, 1.000 átomos por metro cúbico.
Podemos ir más allá. Las galaxias suelen agruparse en cúmulos, manadas que vagan por el universo. Y que a su vez, se unen formando estructuras mayores: los supercúmulos, que pueden contener miles de galaxias. La Vía Láctea y otras 40 galaxias vecinas forman el “Grupo Local”, que su vez, es una partecita del “Súper Cúmulo de Virgo”. Entre estas estructuras, existen extraordinarios volúmenes de espacio, donde se calcula que podría haber tan solo 1 átomo por metro cúbico. O incluso menos: a fines de los anos 90’, un grupo internacional de astrónomos, trabajando con el Telescopio Espacial Hubble y otros súper ojos instalados en el Norte de Chile, detectaron una de las regiones menos densas –aunque no las más grande- jamás observadas en el universo. Una laguna de espacio de unos 20 millones de años luz de diámetro, donde, a partir de evidencias indirectas (basadas en la absorción de la luz de una galaxia mucho más lejana), sólo parece haber un gas muy ténue, con una densidad de apenas 1 átomo cada diez metros. Nada, prácticamente. Y en los últimos años, se han encontrados cosas similares. Estas profundas e inmensas regiones parecen ser las zonas más vacías de materia –o de menor densidad- que existen en el cosmos.
Filamentos y burbujas
Más allá de la cantidad de átomos por unidad de distancia o de volumen, volvamos a lo macroestructural: los cúmulos y supercúmulos de galaxias se entroncan formando unas especies de “hilos”, que miden cientos de millones de años luz de largo: los “filamentos galácticos”. Son las máximas estructuras materiales del universo. A su vez, estas cuerdas de millones de galaxias -unidas por la gravedad- se entraman un complejos tejidos, cual telaranas tridimensionales. Y envuelven a “burbujas” de espacio mucho más grandes, llamadas, con toda lógica, “vacíos”. Allí no hay galaxias, sólo espacio, o a lo sumo, alguna que otra galaxia perdida.
A modo aproximado de queso suizo, los filamentos galácticos y los vacíos conforman la arquitectura del universo en la máxima escala posible. No hay cosas más grandes. De todos modos, no es lo único que hay: surcándolo todo, también hay radiación, gravedad, y hasta una posible “energía oscura”, una especie de “anti-gravedad” descubierta en 1998, que sería inherente al tejido cósmico, y que estaría acelerando al universo. Pero esa es toda otra historia.
Dicho todo esto, ya es hora de hablar de lo que, aparentemente, es el más grande espacio “vacío” jamás observado…
"La Gran Nada"
Gracias a grandes muestreos del universo, realizados con telescopios y radiotelescopios, los astrónomos han catalogado hasta el día de hoy unos 40 “vacíos” en un radio de 2 a 3 mil millones de años luz de nuestra galaxia. Entre ellos, están el famoso “Vacío del Boyero” (en dirección visual a la constelación de ese nombre), y los “Súper Vacíos del Sur y del Norte”. En general, estas enormes burbujas de espacio –carentes de galaxias, o casi- miden 100 o 200 millones de años luz de diámetro. Lo que volumétricamente hablando equivale, aproximadamente, a 1 billón de anos luz cúbicos de casi nada. Un disparate inconcebible de espacio.
Y sin embargo, parece que hay “vacíos” de dimensiones aún más disparatadas: hace en 2008, un grupo de astrónomos de la Universidad de Minnesota se despachó con algo verdaderamente monstruoso. En un paper publicado en el prestigioso “Astrophysical Journal”, el doctor Lawrence Rudnick y sus colegas dan detallada cuenta de cómo tropezaron con algo que muchos ya llaman informalmente “la Gran Nada”, aunque su nombre oficial sea “Súper Vacío de Eridano”. Rudnick y los suyos combinaron datos provenientes del Very Large Array (una espectacular red de radiotelescopios instalados en Nuevo México), con las mediciones del satélite WMAP (que estudia la famosa “radiación de fondo cósmico de microondas”, una suerte de radiación fósil de los primeros tiempos del cosmos, y que bana todo el universo). Y así dieron con un parche de espacio donde prácticamente no hay “radio galaxias” (una clase muy peculiar de islas de estrellas que suelen repartirse en forma homogénea por todo el universo).
¿Números? El “Súper Vacío de Erídano” está a unos 6 a 10 mil millones de años luz de nosotros. Y lo más impresionante, claro: parece ser una burbuja de puro espacio que mide 1000 millones de años luz de diámetro. “Hasta ahora, nadie había encontrado un vacío tan grande, en realidad, nunca esperábamos encontrar uno de este tamaño”, dice Rudnick. Y por las dudas, enseguida aclara que su criatura “está mayormente vacía de materia convencional y también de materia oscura, pero esta llena de radiación y energía”, como todo el espacio (la materia oscura es una misteriosa entidad física que supera a su contrapartida por 5 o 10 a uno, y que más allá de no poder verse, puede detectarse por su influencia gravitatoria).
Desafío a la teoría
Pero más allá de su espectacularidad, este hallazgo es todo un problema: “lo que hemos encontrado no es normal, no encaja con la teoría, ni con estudios observaciones, ni con simulaciones por computadoras”, dice Liliya R. Williams, integrante del equipo de Rudnick. Simplemente, el “Súper Vacío de Eridano” esdemasiado grande. Pone en serios aprietos a los modelos cosmológicos actuales: los 14 mil millones de años de edad del universo, no parecen suficientes como para que la gravedad haya “limpiado” de materia a semejante burbuja de espacio. Una de las reglas de oro de la ciencia es que “ante anuncios espectaculares, hacen falta pruebas espectaculares”. Por eso, Rudnick y sus colegas siguen revisando todos sus datos, y esperan muy confiados las confirmaciones de otros investigadores para confirmar (o no) la existencia de esta verdadera insolencia cosmológica.
Por definición, el “Súper Vacío de Eridano” es invisible. Y sin embargo, su carácter absolutamente extraordinario nos tienta a imaginarlo de algún modo. Y podemos: la constelación de Erídano es vecina a la de Orión, donde brillan las Tres Marías. Pues bien: en estas noches de verano ubiquemos al famoso trío en el cielo. Y luego, llevemos la vista bien arriba y a su izquierda: ocupando una impresionante porción de cielo equivalente a 40 Lunas Llenas en fila, y a una distancia de miles de millones de años luz, está “La Gran Nada”. Uno de los mayores dominios del imperio del vacío: el universo.
Por Lic. Mariano Ribas - Coordinador Área de Astronomía Planetario Galileo Galilei
A todas las escalas y en todas direcciones, el vacío reina en el universo. Aquí y allá. Ayer, hoy y mañana. Los átomos, las moléculas, los seres vivos, los planetas, las estrellas y las galaxias son apenas salpicaduras en un vacío abrumadoramente mayoritario. Distracciones de la nada.
Sí, resulta francamente extraño, porque vivimos rodeados de materia vivita y coleando por todos lados. Incluso, y aunque no lo veamos, sabemos el espacio cotidiano está repleto de incontables y apretadísimas moléculas -de nitrógeno y oxígeno, principalmente- que forman el aire que ahora estamos respirando. La verdadera noción del vacío no está del todo encarnada en nuestra experiencia. Y sin embargo, no hay más que levantar la vista durante la noche para empezar a entender, al menos tentativamente, esa impiadosa realidad: las estrellas se pierden irremediablemente en un mar de espacio y oscuridad.
Durante las últimas décadas, la física y la astronomía han intentado cuantificar el vacío del cosmos con la ayuda de súper telescopios, radiotelescopios, modelos teóricos, y hasta complejas simulaciones por computadora. Y los resultados erizan la piel. Sin ir más lejos, hace unos años, un grupo de científicos anunció el descubrimiento del más grande de todos los vacíos conocidos: una lejanísima región del universo que mide unos 1.000 millones de años luz, y donde prácticamente no hay nada. Tentativamente, se la conoce como el “Súper Vacío de Erídano”. Hacia allí vamos, en un viaje pausado y gradual, de menor a mayor, como para asimilar, de a poco, la idea de que en el cosmos, la materia es una absoluta y preciosa excepción.
El espacio cercano
Desde el muy aristotélico “horror al vacío”, la idea de espacio libre de materia siempre nos ha resultado muy incómoda. Y se entiende, porque es una noción que alevosamente coquetea con la nada, ni más ni menos. Por empezar, vale la pena recordar que los protones, neutrones y electrones representan una fracción absolutamente insignificante del volumen total de un átomo. El resto (99,999%) es vacío. Y de allí para arriba, la cosa no cambia demasiado. La naturaleza nos enfrenta con vacíos de distinta escala. Y a decir verdad, los grandes vacíos hay que buscarlos lejos de la Tierra: todo lo que nos rodea –incluso nosotros mismos- está hecho de moléculas formadas por distintas clases de átomos. Moléculas que están muy cerca unas de otras, apenas separadas por una millonésima de milímetro (unas pocas veces su propio tamano). Es cierto, en experiencias de laboratorio, los físicos han “fabricado” vacíos mas notables, donde las moléculas están cien mil veces más lejos entre sí (a una décima de milímetro de distancia (la mínima distancia apreciable a simple vista). Pero para enfrentarnos con vacíos realmente importantes, tenemos que salir de nuestro planeta.
El primer escalón parece ser el espacio cercano, a unos cientos de kilómetros por encima de nuestras cabezas. Allí donde se pasean satélites, transbordadores y la Estación Espacial Internacional. Es el reino de la tenue atmósfera exterior de la Tierra. Y la verdad es que no está tan vacío como puede parecer, porque hay cerca de mil billones de moléculas de aire por metro cúbico. Muy poco, es cierto, comparado con la atmósfera baja del planeta, pero suficiente como para ofrecer cierta resistencia al avance de naves y otros aparatos en órbita. Para mejorar la calidad del vacío hay que irse más lejos.
Entre planetas y estrellas
A dos mil kilómetros de la superficie terrestre ya no queda el más mínimo rastro de atmósfera. Y aún así, el vacío absoluto brilla por su ausencia: las decenas, cientos y miles de millones de kilómetros que separan a los planetas del Sistema Solar, están bañados por el viento solar, una sutil corriente de partículas (protones y electrones) que nuestra estrella lanza segundo a segundo, y en todas direcciones. El viento solar es tan tenue, que sus partículas están separadas -en promedio- a un centímetro una de otra. Por lo tanto, en el espacio que separa a la Tierra y Marte, por ejemplo, habría 1 millón de partículas por metro cúbico. Ya es un vacío más interesante, pero todavía muy imperfecto.
El viento solar se va diluyendo de a poco, y apenas se siente más allá del Cinturón de Kuiper, donde está el planeta enano Plutón y sus incontables compañeros de hielo y roca. El vacío aumenta a medida que nos adentramos en el reino de las estrellas, donde la distancia ya no se cuenta en miles de millones de kilómetros, sino en años luz. Por término medio, la distancia entre dos estrellas de la Vía Láctea es de unos 10 años luz (unos 100 billones de kilómetros). Y más allá de ese impresionante aislamiento, lo que hay entre ellas no es mucho. Salvo en las nebulosas (aquellas colosales nubes de gas y polvo que flotan en el espacio, y que funcionan –gravedad mediante, como fábricas de estrellas), se calcula que en el medio interestelar hay, muy aproximadamente, un átomo por centímetro cúbico. O dicho de otro modo, un vacío cien veces mejor que el que los científicos pueden crear en los mejores laboratorios terrestres. No está mal, sin dudas. De todos modos, a veces, las supernovas (estrellas gigantes que explotan) pueden “limpiar” aún más el espacio circundante, dejando apenas unas mil partículas por metro cúbico. O una por litro. Ese es el máximo vacío que podemos encontrar en la galaxia. Pero hay mejores.
Vacíos intergalácticos
Las galaxias son enormes: la Vía Láctea, por ejemplo, mide unos 120 mil años luz de diámetro (y está formada por 200 a 400 mil millones de estrellas). Sin embargo, el espacio que hay entre cada galaxia es abrumador en comparación a su propio tamaño: por término medio, se estima que entre una galaxia y otra hay una distancia de diez veces su diámetro. O sea, alrededor de 1 millón de años luz.
Mucho espacio, evidentemente. Espacio donde cabría esperar bajísimas densidades de materia. Y así es, de todos modos, el mar intergaláctico no está enteramente vacío de materia: telescopios de rayos X han detectado que entre ellas también hay enormes zonas de gas, ligadas gravitacionalmente a las galaxias. Es un gas increíblemente tenue, pero tan caliente (a 100 millones de grados) que emite radiación que puede ser captada por los instrumentos de los astrónomos. Y por eso, aunque no se vea ópticamente, se sabe que existe. Parece que en estos colosales desiertos cósmicos, la densidad de la materia es parecida a la de las zonas más vacías de una galaxia (aquellas regiones barridas por supernovas): más o menos, 1.000 átomos por metro cúbico.
Podemos ir más allá. Las galaxias suelen agruparse en cúmulos, manadas que vagan por el universo. Y que a su vez, se unen formando estructuras mayores: los supercúmulos, que pueden contener miles de galaxias. La Vía Láctea y otras 40 galaxias vecinas forman el “Grupo Local”, que su vez, es una partecita del “Súper Cúmulo de Virgo”. Entre estas estructuras, existen extraordinarios volúmenes de espacio, donde se calcula que podría haber tan solo 1 átomo por metro cúbico. O incluso menos: a fines de los anos 90’, un grupo internacional de astrónomos, trabajando con el Telescopio Espacial Hubble y otros súper ojos instalados en el Norte de Chile, detectaron una de las regiones menos densas –aunque no las más grande- jamás observadas en el universo. Una laguna de espacio de unos 20 millones de años luz de diámetro, donde, a partir de evidencias indirectas (basadas en la absorción de la luz de una galaxia mucho más lejana), sólo parece haber un gas muy ténue, con una densidad de apenas 1 átomo cada diez metros. Nada, prácticamente. Y en los últimos años, se han encontrados cosas similares. Estas profundas e inmensas regiones parecen ser las zonas más vacías de materia –o de menor densidad- que existen en el cosmos.
Filamentos y burbujas
Más allá de la cantidad de átomos por unidad de distancia o de volumen, volvamos a lo macroestructural: los cúmulos y supercúmulos de galaxias se entroncan formando unas especies de “hilos”, que miden cientos de millones de años luz de largo: los “filamentos galácticos”. Son las máximas estructuras materiales del universo. A su vez, estas cuerdas de millones de galaxias -unidas por la gravedad- se entraman un complejos tejidos, cual telaranas tridimensionales. Y envuelven a “burbujas” de espacio mucho más grandes, llamadas, con toda lógica, “vacíos”. Allí no hay galaxias, sólo espacio, o a lo sumo, alguna que otra galaxia perdida.
A modo aproximado de queso suizo, los filamentos galácticos y los vacíos conforman la arquitectura del universo en la máxima escala posible. No hay cosas más grandes. De todos modos, no es lo único que hay: surcándolo todo, también hay radiación, gravedad, y hasta una posible “energía oscura”, una especie de “anti-gravedad” descubierta en 1998, que sería inherente al tejido cósmico, y que estaría acelerando al universo. Pero esa es toda otra historia.
Dicho todo esto, ya es hora de hablar de lo que, aparentemente, es el más grande espacio “vacío” jamás observado…
"La Gran Nada"
Gracias a grandes muestreos del universo, realizados con telescopios y radiotelescopios, los astrónomos han catalogado hasta el día de hoy unos 40 “vacíos” en un radio de 2 a 3 mil millones de años luz de nuestra galaxia. Entre ellos, están el famoso “Vacío del Boyero” (en dirección visual a la constelación de ese nombre), y los “Súper Vacíos del Sur y del Norte”. En general, estas enormes burbujas de espacio –carentes de galaxias, o casi- miden 100 o 200 millones de años luz de diámetro. Lo que volumétricamente hablando equivale, aproximadamente, a 1 billón de anos luz cúbicos de casi nada. Un disparate inconcebible de espacio.
Y sin embargo, parece que hay “vacíos” de dimensiones aún más disparatadas: hace en 2008, un grupo de astrónomos de la Universidad de Minnesota se despachó con algo verdaderamente monstruoso. En un paper publicado en el prestigioso “Astrophysical Journal”, el doctor Lawrence Rudnick y sus colegas dan detallada cuenta de cómo tropezaron con algo que muchos ya llaman informalmente “la Gran Nada”, aunque su nombre oficial sea “Súper Vacío de Eridano”. Rudnick y los suyos combinaron datos provenientes del Very Large Array (una espectacular red de radiotelescopios instalados en Nuevo México), con las mediciones del satélite WMAP (que estudia la famosa “radiación de fondo cósmico de microondas”, una suerte de radiación fósil de los primeros tiempos del cosmos, y que bana todo el universo). Y así dieron con un parche de espacio donde prácticamente no hay “radio galaxias” (una clase muy peculiar de islas de estrellas que suelen repartirse en forma homogénea por todo el universo).
¿Números? El “Súper Vacío de Erídano” está a unos 6 a 10 mil millones de años luz de nosotros. Y lo más impresionante, claro: parece ser una burbuja de puro espacio que mide 1000 millones de años luz de diámetro. “Hasta ahora, nadie había encontrado un vacío tan grande, en realidad, nunca esperábamos encontrar uno de este tamaño”, dice Rudnick. Y por las dudas, enseguida aclara que su criatura “está mayormente vacía de materia convencional y también de materia oscura, pero esta llena de radiación y energía”, como todo el espacio (la materia oscura es una misteriosa entidad física que supera a su contrapartida por 5 o 10 a uno, y que más allá de no poder verse, puede detectarse por su influencia gravitatoria).
Desafío a la teoría
Pero más allá de su espectacularidad, este hallazgo es todo un problema: “lo que hemos encontrado no es normal, no encaja con la teoría, ni con estudios observaciones, ni con simulaciones por computadoras”, dice Liliya R. Williams, integrante del equipo de Rudnick. Simplemente, el “Súper Vacío de Eridano” esdemasiado grande. Pone en serios aprietos a los modelos cosmológicos actuales: los 14 mil millones de años de edad del universo, no parecen suficientes como para que la gravedad haya “limpiado” de materia a semejante burbuja de espacio. Una de las reglas de oro de la ciencia es que “ante anuncios espectaculares, hacen falta pruebas espectaculares”. Por eso, Rudnick y sus colegas siguen revisando todos sus datos, y esperan muy confiados las confirmaciones de otros investigadores para confirmar (o no) la existencia de esta verdadera insolencia cosmológica.
Por definición, el “Súper Vacío de Eridano” es invisible. Y sin embargo, su carácter absolutamente extraordinario nos tienta a imaginarlo de algún modo. Y podemos: la constelación de Erídano es vecina a la de Orión, donde brillan las Tres Marías. Pues bien: en estas noches de verano ubiquemos al famoso trío en el cielo. Y luego, llevemos la vista bien arriba y a su izquierda: ocupando una impresionante porción de cielo equivalente a 40 Lunas Llenas en fila, y a una distancia de miles de millones de años luz, está “La Gran Nada”. Uno de los mayores dominios del imperio del vacío: el universo.
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